Está considerada la ciudad de las tradiciones por su fervor religioso, del arte por su arquitectura hispano-morisca y del saber por sus madrasas.
Todo se va descubriendo poco a poco a medida que te adentras en ella, empezamos por el Palacio Real (no se puede entrar), nos conformamos con admirar las puertas de bronce y la decoración en cerámica azul, verde y blanca, son los tres colores que adornan la arquitectura árabe, el azul representa lo absoluto, el verde la creación y la opulencia y el blanco la sabiduría, curiosamente los tres significados simbólicos están sancionados por el Corán.
Seguimos por la calle de los joyeros y plateros (souk/barrio de los judíos) como es sábado está todo cerrado, llegamos a la puerta de Bab Boujeloud, atravesarla es adentrarse en una medina activa, fascinante, enigmática y hermética. Un inmenso laberinto formado por mas de 9.400 calles, la mayoría sin salida.
Comenzamos recorriendo las carnicerías, lo que sorprende es el puesto de pollos, están vivos, en el momento de comprarlo les cortan el cuello y los despluman.
Después de varias calles sin salida encontramos la Madrasa Buinaniya, es la mas grande y suntuosa de Fez, en la entrada se encuentran una hilera de siete campanillas de bronce sujetas sobre vigas de cedro, es un reloj hidráulico. El patio realizado en mármol y ónice contrasta con el estuco de estilo hispano-morisco y con los dinteles y frisos, tallados en madera de cedro con un gusto exquisito.
Al salir de la madrasa nos guían los golpes que se oyen sobre el mármol, son artesanos tallando lápidas.
De aquí nos dirigimos hacia el corazón de la medina, el souk de curtidores, solo se oye el ruido de las pieles al chocar contra las bañeras de cal, el hedor pestilente no se puede aguantar, así que salimos rápidamente hacía el souk de los carpinteros, lo que llama la atención son los sillones que tienen preparados para las bodas, tapizados en blanco, plateado, dorado, azul, rosa….(mundo Barbie total).
Seguimos paseando y en un callejón se agolpan mendigos, peregrinos y vendedores, es la Zaoyïa, santuario dedicado a Monlay Idriss II, fundador de Fez en el s. IX.
Muy cerca se encuentra la Mezquina de Qaraouriyyim, destaca por sus tejas esmaltadas verdes, está considerada como una auténtica joya de la arquitectura morisca por la exhuberancia en sus estucos y las maderas policromadas de cedro, no está permitido el paso a los no musulmanes así que no puedo corroborar si es realmente tan espectacular.
Nos adentramos en el souk textil, hay una gran variedad de caftanes, chilabas, telas y alfombras, atravesamos el souk de las babuchas y el souk de los perfumes, hay distintos tipos de hena y montones de frasquitos de antimonio (con el que se hace el Kohl). De repente se oyen sonidos metálicos ininterrumpidos, son los golpes de los artesanos que trabajan con paciencia, el latón, el cobre y el bronce. Para acabar nos dirigimos al Souk de los frutos secos y de los pasteles.
Existen alrededor de 13.000 edificios de interés, 300 talleres, 143 mezquitas, 8 madrasas y 500 viviendas. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981.